jueves, 17 de agosto de 2017

CARMELITAS DE LA ANTIGUA OBSERVANCIA, MÁRTIRES DE CARABANCHEL Y EL PADRE ALBERTO MARÍA MARCO


Eran las cinco de la mañana del lunes, 27 de Julio de 1936. Una pareja de guardias denominados de Asalto llaman al Convento de El Carmen de Onda (Castellón) comunicando la orden de un inmediato desalojo. Gran parte de la Comunidad estaba compuesta de estudiantes carmelitas, profesos simples los más, y de novicios; treinta en total. De dos en dos fueron conducidos al centro de Onda, en cuya Residencia se congregaron para rezar y cantar la Salve. Era un canto de despedida. Algunos no se volverían a ver nunca más.
Al partir desde Onda hacia Villarreal, de ambas comunidades ya solo eran 21; debían tomar el tren para Valencia y, desde allí, cada cual a su destino. Al llegar a la antigua ciudad de los Infantes el subprior P. Anastasio Ballester (1893-1936) fue detenido. Más tarde sería asesinado en el cementerio de Cuevas de Vinromá (Castellón).





Quedaban veinte de aquella expedición. Al llegar el tren al Cabañal todos son reconocidos como frailes y se les hace bajar, a todos menos al corista Fray Tomás González y al Hno. Fray Pedro Tomás Iglesias quienes siguieron camino hacia Madrid. Los dieciocho restantes, con el Provincial P. Sarría Colomer al frente, son conducidos a Valencia.
El P. Rafael Sarría y el Hno. Florencio Marquínez salieron para Algemesí; el primero sería asesinado en su ciudad natal y del Hno. Florencio jamás se supo nada. Lo mismo habría de acontecer respecto al Hno. Angelo Martín, perdido en la misma estación del Norte.
De los restantes: a nueve se los llevaron desde la estación a un cercano convento; eran todos casi niños. El destino era Madrid. Una vez en el tren, fueron hallados otros tres muchachos: los hermanos Fray Daniel García y Fray Aurelio García con Fray Adalberto Vicente; al P. Evangelista Muñoz Tornero (1906-1936) le vieron bajar en la estación de Albacete; sería asesinado en Almusafes (Valencia).
Los nombres de los ocho jóvenes religiosos que siguieron viaje hacia Castilla, aparte de los otros cuatro ya señalados, eran los siguientes: Fr. Alberto García, Fr. Francisco Pérez, Fr. Silvano Villanueva, Fr. Ángel Sánchez, Fr. Angelo Reguilón, Fr. Bartolomé Fanti Andrés, Fr. Ricardo Román y el Hno. Fr. Franco Arranz. Y Fr. Isidoro Garrido que se salvó por distracción del vigilante que lo perdió en el camino.
Amanecía el día 28 de Julio cuando ya se avistaba Madrid. Arribados que fueron a la estación de Atocha, no había manera de salir para Segovia, ni por la estación del Norte ni por autobús; era la del Guadarrama una zona de duros combates entre los dos frentes enemigos.
“-¿Qué hacemos con ellos?”, se dijeron los milicianos.
Se les acomodó en un asilo de ancianos del Paseo de las Delicias donde se sintieron seguros: se habían repartido escapularios y se los habían puesto. Allí permanecieron nuestros refugiados hasta el 14 de agosto. Tres días más tarde, a las doce de la noche, un grupo de milicianos irrumpe de improviso en la sala donde dormían y se les ordena se vistan de inmediato y dejen todo equipaje en su sitio.





 Fueron subidos a un camión y llevados al cementerio de Carabanchel Bajo. Allí les bajaron del camión y les fusilaron ante las tapias del camposanto. Sus cadáveres fueron dejados en ese lugar durante todo el día, desnudos. Más tarde los enterraron en dos tumbas separadas en el cementerio de Carabanchel, donde una vez terminada la guerra, en julio de 1939, se colocaron sendas lápidas con sus nombres.
Cuando agonizaban aquellos muchachos, encharcados en su propia sangre, aparecían las primeras luces de aquel tenebroso 18 de Agosto de 1936. El más joven del grupo martirial apenas tenía 18 años, el mayor, 22.

El 5 de Junio de 1950 sus restos fueron exhumados y trasladados al santuario carmelita de Nuestra Señora del Henar, en Cuéllar, Segovia, siendo depositados en su cementerio. A día de hoy una lápida en este santuario indica los nombres de estos Mártires sobre el sepulcro donde fueron depositados finalmente sus restos.
En cuanto al P. Alberto María Marco Alemán (Francisco), el que aparece al frente de grupo de jóvenes carmelitas, sabemos que era natural de Caudete (Albacete) donde nació en 1894 y ejercía como prior del convento de la calle Ayala en Madrid cuando lo sorprendió la guerra.

El 20 de julio de 1936 fue clausurado el convento y el P. Alberto fue conducido a la llamada Checa de Fomento. El 3 de septiembre, tras indecibles traslados e interrogatorios, ingresó en la prisión. El 28 de noviembre de 1936, con treinta compañeros, más fue conducido a Paracuellos del Jarama (Madrid), donde fue fusilado.




miércoles, 16 de agosto de 2017

DEVOCIONARIO CATÓLICO: OFRECIMIENTO DIARIO DE OBRAS

     A modo de devocionario virtual, iremos publicando (D.m.) las oraciones básicas que tod buen católico debe aprender y rezar con frecuencia. Algunas de ellas, están extraídas del libro "CAMINO RECTO Y SEGURO" del gran Apóstol San Antonio María Claret.

     El OFRECIMIENTO DE OBRAS que proponemos recitar a diario, incluye los actos de fe, esperanza y caridad que debemos elevar cada día a Nuestro Señor. También rezamos un breve acto de piedad junto con la intención de ofrecer por las Almas del Purgatorio cuantas indulgencias ganemos.

     Muy recomendable su rezo a diario así como su difusión, para lo cual nos podemos valer de la imagen que lleva la oración impresa. 




     Dios y Señor mío, en quien creo y espero, a quien adoro y amo con todo mi corazón: os doy gracias por haberme creado, redimido, hecho cristiano y conservado en esta noche.

     Os ofrezco y consagro a Vuestra Honra y Gloria todos mis pensamientos, palabras, obras y trabajos de este día, con intención de ganar todas las indulgencias concedidas, las que aplico en sufragio de las Ánimas Benditas del Purgatorio, especialmente de aquéllas que sean más del agrado de María Santísima y de mi particular obligación. 

     Humildemente os pido perdón de mis pecados, y me pesa, de lo íntimo de mi corazón el haberos ofendido. 

     Y por los méritos infinitos del Sacratísimo Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María, os pido gracia para no volver a ofenderos de nuevo.



(Del Devocionario de San Antonio María Claret,
 "CAMINO RECTO Y SEGURO PARA LLEGAR AL CIELO")







martes, 15 de agosto de 2017

LA GLORIOSA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA, REINA UNIVERSAL DEL CIELO Y LA TIERRA


     “Cuando entran los monarcas a tomar posesión de su reino, no pasan por las puertas de la ciudad, sino que, o se quitan del todo las puertas, o pasan por encima de ellas. Por eso, así como los Ángeles, cuando entró Jesucristo decían (S.23,7): Abrid príncipes, vuestras puertas, y levantaos, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria; así, ahora que María va a tomar posesión del Reino de los Cielos, los Ángeles que la acompañan claman a los que están adentro: Abrid, príncipes, vuestras puertas, y levantaos, puertas eternas, y entrará la Reina de la Gloria.

     Ved que ya entra María en la patria bienaventurada. Mas al entrar y verla tan hermosa y gloriosa, los espíritus celestiales preguntan a los que vienen de fuera, como contempla Orígenes (Cant.8,5): “¿Quién es esta criatura tan bella, que viene del desierto de la tierra, lugar de espinas y abrojos, mas Ella viene tan pura y tan rica de virtudes, apoyada en su amado Señor, que se digna acompañarla Él mismo con tanto honor?” “Quién es?”. Y los Ángeles que la acompañan responden: "Esta es la Madre de nuestro Rey, es nuestra Reina, es la bendita entre las mujeres, la llena de gracia, la santa de los santos, la predilecta de Dios, la inmaculada, la paloma, la más bella de todas las criaturas.” 


     Entonces, todos aquellos espíritus bienaventurados, comenzaron a bendecirla y alabarla, cantando, mejor que los hebreos a Judit (15,10): “Tú eres la gloria de Jerusalén, Tú la alegría de Israel, Tú el honor de nuestro pueblo, Señora y Reina nuestra, Vos sois la gloria del cielo, la alegría de nuestra patria, el honor de todos nosotros. Sed por siempre bienvenida, sed por siempre bendita. Éste es vuestro reino, y todos nosotros somos vasallos vuestros prontos a cumplir vuestras órdenes”.




La Asunción de Nuestra Señora, Cantillana, Sevilla, ESPAÑA


     Luego se acercaron a darle la bienvenida y saludarla como a su Reina todos los Santos que hasta entonces estaban en el cielo. Llegaron todas las santas vírgenes y dijeron: “Santísima Señora,…Vos sois nuestra Reina porque fuisteis la primera en consagrar a Dios vuestra virginidad; todas nosotras te bendecimos y damos gracias.” Llegaron también los Mártires a saludarla como a su Reina, porque con su gran constancia en los dolores de la Pasión de su Hijo, les había enseñado e impetrado con sus méritos la fortaleza para dar la vida por la fe. Llegó Santiago el Mayor, el único de los Apóstoles que hasta entonces había subido al Cielo, y en nombre de todos los Apóstoles le dio gracias por todo el consuelo y la asistencia que les había prestado durante su permanencia en la tierra. Llegaron luego a saludarla los Profetas, y le decían: “Vos, Señora, sois la que vislumbramos en nuestras profecías.” Llegaron los santos Patriarcas y le decían: “Vos, María, fuisteis nuestra esperanza, y por tantos siglos tan suspirada.” Y entre éstos llegaron con mayor afecto a darle gracias nuestros primeros padres Adán y Eva, y le decían: “Hija predilecta, Tú has reparado el daño que nosotros hicimos al género humano. Tú devolviste al mundo la bendición perdida por nuestra culpa, por Ti somos salvos; ¡Seas por siempre Bendita!

     Llegó después a besarle los pies San Simeón, y le recordó con júbilo el día en que recibió de sus manos a Jesús niño. Llegaron San Zacarías y Santa Isabel, y de nuevo le dieron gracias por aquella amorosa visita que con tanta humildad y caridad les hizo en si casa, y por la cual recibieron tantos tesoros de gracias. Con mayor afecto llegó San Juan Bautista, a darle las gracias por haberlo santificado por medio de su voz. Y ¿Qué le dirían cuando llegaron a saludarla sus queridos padres San Joaquín y Santa Ana? ¡Oh Dios! Con cuánta ternura la debieron bendecir diciendo: “Hija amada ¿y qué dicha la nuestra la de tener una hija como Tú! Ahora eres nuestra Reina, porque eres la Madre de nuestro Dios; por tal te saludamos y te veneramos.”

     Más, ¿Quién puede comprender el afecto con que llegó a saludarla su querido esposo San José? ¿Quién podrá explicar la alegría que sintió el Santo Patriarca al ver a su esposa entrar en el cielo con tanto triunfo y ser proclamada Reina de todos los cielos?¡Con cuanta ternura le debió decir!: “Señora y esposa mía, ¿Cuándo podré yo agradecer lo que debo a nuestro Dios por haberme hecho esposo vuestro, que sois su verdadera Madre? Por Vos merecí en la tierra asistir en su infancia al Verbo encarnado, tenerle tantas veces en mis brazos y recibir de Él tantas gracias especiales. ¡Benditos sean los momentos que empleé en la vida en servir a Jesús y a Vos, mi Santa Esposa!

     Por fin, todos los Ángeles llegaron a saludarla, y Ella, la Gran Reina, a todos dio las gracias por la asistencia que le habían prestado en la tierra; singularmente a San Gabriel Arcángel, feliz embajador de todas sus dichas, cuando bajó a darle la nueva de que era elegida para Madre de Dios.

     Luego, arrodillada la humilde y Santa Virgen, adoró a la divina Majestad, y toda abismada en el conocimiento de su nada, dio gracias por todos los dones que su bondad le había concedido, y especialmente, por haberla hecho Madre del Verbo Eterno. No hay quien pueda comprender con cuánto amor la bendijo la Santísima Trinidad; qué acogida hizo el Padre a su Hija, el Hijo a su Madre, el Espíritu Santo a su Esposa. El Padre la coronó, comunicándole su poder, el Hijo la Sabiduría; el Espíritu Santo el Amor. Y todas las tres Personas, colocando su trono a la diestra de Jesús, la proclamaron Reina Universal del Cielo y de la Tierra, y mandaron a los Ángeles y a todas las criaturas que la reconocieran como su Reina, y como a tal la obedecieran y sirvieran.”




EL TRIUNFO GLORIOSO DE MARÍA SANTÍSIMA

 San Alfonso María de Ligorio



lunes, 14 de agosto de 2017

CON DIOS A SOLAS ( XXII ) por el Padre Valentín de San José, Carmelita Descalzo

     Cumplan estas MEDITACIONES-LECTURAS el fin que me he propuesto, o sólo resulten un poco de ceniza fría en lugar de brasa encendida, te las presento con el deseo de que Dios, por medio de ellas, te ayude y esfuerce a vivir santamente en tu retiro la vida espiritual, la vida verdaderamente santa y que más alegrías y dulzuras hace gustar aun en este mundo.


(Padre Valentín de San José, en el prólogo de "Con Dios a solas")



"...lo pospondré todo y lo perderé todo, 
hasta la vida y la estimación, por no perder a Dios..."

     La oración no es una fría reflexión o meditación; la oración es ejercitar el amor; es mirar a Dios con amor y ofreciéndose en amor; es recibir la mirada de los ojos de Dios con todos sus efectos sobrenaturales, mirada divina que siempre esclarece y hermosea el alma y, a veces, pone dulzura inexplicable y siempre comunica la fuerza y energía para obrar la virtud. Dios, con Su mirada, pone suma complacencia en el alma. Dios mío, mírame con Tu mirada de Amor.

     Amar es vivir mirando, pensando o trabajando lo que se ama, en lo que se ama y para lo que se ama; es olvidarse de sí mismo y entregarse al Amado ofreciéndole el alma y todo el ser. Es negarse o esconderse a sí mismo para vivir en el Amado.

     La propiedad esencial del amor es darse. Si amo a Dios, me daré a Dios; daré todos mis afectos y mis obras a Dios; lo pospondré todo y lo perderé todo, hasta la vida y la estimación, por no perder a Dios. Amar es vivir para Dios.

     Para entrar a vivir la verdad del amor de Dios es necesario e imprescindible darse, entregarse. No ser de uno mismo, sino de Dios, no para anularse, sino para ser sobrenaturalizados; en la entrega no se pierde la personalidad, sino que Dios la sobrenaturaliza y perfecciona.




domingo, 13 de agosto de 2017

TIERNA Y AMOROSA SEÑORA DEL OLVIDO, TRIUNFO Y MISERICORDIAS

Fiel relato de la Gloriosa Aparición de Nuestra Señora 
a Su Sierva Sor Patrocinio, de la Orden de la Inmaculada Concepción,
 que tuvo lugar en Madrid, el 13 de Agosto de 1831



          Clamaba mucho en esta ocasión por las necesidades que tanto afligen a la Santa Iglesia y el Dulce Amor se me manifestó severo, airado y como dando muestras de que quería castigarnos. Le dije: Esposo mío, ¿para cuándo son vuestras misericordias? Me dijo: Pide, Esposa mía, que cuanto pidas seré liberal para concedértelo. Pedía sin límites; entonces, mi Dulce Amor me manifestó el lastimoso estado en que se hallaba la Santa Iglesia. 

          Moría de dolor y mis angustias crecían sobremanera. Me dijo mi Dulce Esposo: Paloma mía, mi amor no puede verte afligida; aquí tienes a mi Madre, que siempre será tu guía, consuelo y amparoSe manifestó de nuevo la Benditísima Virgen con esta preciosísima, portentísima (sic) e invictísima Imagen en sus soberanas manos. Me dijo la Soberana y Divina Señora: Hija mía ¿por qué se contrista tu corazón, si todas las misericordias y tesoros de mi Hijo voy a poner en tus manos, por medio de esta mi soberana Imagen, para que las distribuyas en mi nombre a los mortales, segura de que las que hicieses por amor a tus hermanos, esas mismas confirmamos mi Hijo y yo, que soy tu madre, en el Cielo? 

          Díjela: Señora y Reina mía, ¿no veis la España; no veis los males que nos afligen? 
-Hija mía, los veo; pero no puede mi amor ser más benéfico para con los hombres. Ellos se olvidan de mí y retiran las misericordias; y por esto, a esta imagen le darás el título misterioso del Olvido; para darles a entender, que me han olvidado; pero yo que soy vuestra tierna y amorosa madre, quiero poner a vista de todos los mortales en esta Imagen mía, que jamás mis misericordias se apartan de ellos.



          Miraba yo con gran ternura a tan divino simulacro; cuando vi que mi invictísima Reina cogió un pañuelo de manos del Príncipe San Miguel, y aplicándole a la soberana Llaga del costado de nuestro amante Jesús, lo empapó la Divina Señora en sangre de aquel divino y deífico Corazón; y después, aquel pañuelo, así empapado, le puso sobre esta encantadora Imagen, y después vi que la soberana Reina rociaba a este pueblo con la sangre preciosísima. 

         Díjome  luego: ¿Hija mía, ¿me amas? Hasta tres veces. Díjela: Señora mía, Vos sabéis que os amo y deseo ser toda vuestra. -Pues a tu solicitud y cuidado dejo el culto y veneración de esta sagrada imagen mía con el título de Olvido, Triunfo y Misericordias. Ella será la  consoladora del mundo y todo afligido encontrará en mí por la mediación de esta mi imagen, el consuelo. Al alma que rendida a sus pies me pidiese alguna cosa, jamás se la negará mi amor. Será el consuelo del mundo y la alegría de la Iglesia Católica y, por su medio, mi Hijo y yo recibiremos culto. Tú, hija mía, alcanzarás victoria del poder de Satanás, y tu Comunidad, perfección en servirme

          Me entregó la soberana Reina esta portentísima Imagen, este encanto de los Cielos y la Tierra, y empezó en el Cielo una celestial música entonando la Salve y otros sagrados cánticos; todos los cortesanos del Cielo se daban parabienes. La Santísima Trinidad la bendijo, igualmente la Santísima Virgen María y después todos los cortesanos del Cielo llegaron a adorar a su Reina y Señora en esta soberana y encantadora madre del Olvido. 


Sor María Isabel de Jesús, Vida admirable. pp. 48-53.

sábado, 12 de agosto de 2017

ANGELICAL SALUTACIÓN A NUESTRA SEÑORA de los devotos de Su Bendito Escapulario




ANGELICAL SALUTACIÓN
A NUESTRA SEÑORA 


1ª. Madre mía del Carmen, bendita seáis; los Ángeles, los Santos y los Justos os llenen de alabanzas, porque me habéis dado vuestro Bendito Escapulario.

   Dios te salve, María, llena eres de gracia etc.

2ª. Madre mía del Carmen, bendita seáis; los Serafines, los Santos y los Justos os llenen de alabanzas, porque con vuestro Bendito Escapulario sois salud de mi alma. 

   Dios te salve, María, etc.

3ª. Madre mía del Carmen, bendita seáis; los Tronos, los Santos y los Justos os llenen de alabanzas, porque con vuestro Bendito Escapulario me protegéis contra todos los peligros. 

   Dios te salve, María, etc.

4ª. Madre mía del Carmen, bendita seáis una y mil veces; las Dominaciones, los Santos y los Justos os llenen de alabanzas, porque con vuestro Bendito Escapulario me defendéis de las tentaciones del enemigo. 

   Dios te salve, María, etc.

5ª. Madre mía del Carmen y Reina de mi corazón, bendita seáis; los Querubines, los Santos y los Justos os llenen de alabanzas, porque con vuestro Escapulario sois la paz y la alegría de mi alma. 

   Dios te salve, María, etc.

6ª. Madre mía del Carmen, bendita seáis; los Arcángeles, y los Santos y los Justos os llenen de alabanzas, porque con vuestro Bendito Escapulario me habéis hecho especialísimo hijo vuestro. 

   Dios te salve, María, etc.

7ª. Madre mía, Madre de mi corazón y Reina de mi amor, os doy mi alma, mi vida, mi corazón, y quiero que os alaben las Virtudes y todas las criaturas, porque con vuestro Bendito Escapulario me habéis infundido la esperanza de que os veré en el Cielo.

   Dios te salve, María, etc.




viernes, 11 de agosto de 2017

SANTA FILOMENA, LA PRINCESA MÁRTIR


Historia de la vida de Santa Filomena
según las revelaciones a la Venerable Madre María Luisa de Jesús,
religiosa napolitana y que recibieron la aprobación de la Santa Sede
el 21 de Diciembre de 1883


     Yo soy la hija de un príncipe que gobernaba un pequeño estado de Grecia. Mi madre era también de la realeza. Ellos no tenían niños. Eran idolatras y continuamente ofrecían oraciones y sacrificios a sus dioses falsos. Un doctor de Roma llamado Publio, vivía en el palacio al servicio de mi padre. Este doctor había profesado el cristianismo. Viendo la aflicción de mis padres y por un impulso del Espíritu Santo les habló acerca de nuestra fe y les prometió orar por ellos, si consentían a bautizarse. La gracia que acompañaba sus palabras, iluminaron el entendimiento de mis padres y triunfó sobre su voluntad. Se hicieron cristianos y obtuvieron su esperado deseo de tener hijos.

     Al momento de nacer me pusieron el nombre de Lumena, en alusión a la luz de la fe, de la cual era fruto. El día de mi bautismo me llamaron Filumena, hija de la luz (filia luminis) porque en ese día había nacido a la fe. Mis padres me tenían gran cariño y siempre me tenían con ellos. Fue por eso que me llevaron a Roma, en un viaje que mi padre fue obligado a hacer debido a una guerra injusta.

     Yo tenía trece años. Cuando arribamos a la capital nos dirigimos al palacio del emperador y fuimos admitidos para una audiencia. Tan pronto como Diocleciano me vio fijo los ojos en mi.

     El emperador oyó toda la explicación del príncipe, mi padre. Cuando este acabó y no queriendo ser ya más molestado le dijo: "Yo pondré a tu disposición toda la fuerza de mi imperio. Yo solo deseo una cosa a cambio, que es la mano de tu hija". Mi padre deslumbrado con un honor que no esperaba, accede inmediatamente a la propuesta del emperador y cuando regresamos a nuestra casa, mi padre y mi madre hicieron todo lo posible para inducirme a que cediera a los deseos del emperador y los suyos. Yo lloraba y les decía: ¿Ustedes desean que por el amor de un hombre yo rompa la promesa que he hecho a Jesucristo? Mi virginidad le pertenece a Él y yo ya no puedo disponer de ella. Pero eres muy joven para ese tipo de compromiso -me decían- y juntaban las más terribles amenazas para hacerme que aceptara la mano del emperador.

     La gracia de Dios me hizo invencible. Mi padre no pudiendo hacer al emperador ceder y para deshacerse de la promesa que había hecho, fue obligado por Diocleciano a llevarme a su presencia.

     Antes tuve que soportar nuevos ataques de parte de mis padres hasta el punto, que de rodillas ante mi, imploraban con lágrimas en sus ojos, que tuviera piedad de ellos y de mi patria. Mi respuesta fue: No, no, Dios y el voto de virginidad que le he hecho, esta primero que ustedes y mi patria. Mi reino es el Cielo.

     Mis palabras los hacía desesperar y me llevaron ante la presencia del emperador, el cual hizo todo lo posible para ganarme con sus atractivas promesas y con sus amenazas, las cuales fueron inútiles. El se puso furioso e, influenciado por el demonio, me mandó a una de las cárceles del palacio donde fui encadenada. Pensando que la vergüenza y el dolor iban a debilitar el valor que mi Divino Esposo me había inspirado. Me venía a ver todos los días y soltaba mis cadenas para que pudiera comer la pequeña porción de pan y agua que recibía como alimento, y después renovaba sus ataques, que si no hubiera sido por la gracia de Dios no hubiera podido resistir.

     Yo no cesaba de encomendarme a Jesús y su Santísima Madre.

      Mi cautiverio duró treinta y siete días, y en el medio de una luz celestial, vi a María con su Divino Hijo en sus manos, la cual me dijo: "Hija, tres días más de prisión y después de cuarenta días, se acabará este estado de dolor." Las felices noticias hicieron mi corazón latir de gozo, pero como la Reina de los Ángeles había añadido, dejaría la prisión, para sostener un combate más terrible que los que ya había tenido. Pasé del gozo a una terrible angustia, que pensaba me mataría. Hija, ten valentía, dijo la Reina de los Cielos y me recordó mi nombre, el cual había recibido en mi Bautismo diciéndome: "Tu eres LUMENA, y tu Esposo es llamado Luz. No tengas miedo. Yo te ayudaré. En el momento del combate, la gracia vendrá para darte fuerza. El ángel Gabriel vendrá a socorrerte, Yo le recomendaré especialmente a él, tu cuidado".

     Las palabras de la Reina de las Vírgenes me dieron ánimo. La visión desapareció dejando la prisión llena de un perfume celestial.

     Lo que se me había anunciado, pronto se realizó. Diocleciano perdiendo todas sus esperanzas de hacerme cumplir la promesa de mi padre, tomó las decisión de torturarme públicamente y el primer tormento era ser flagelada. Ordenó que me quitaran mis vestidos, que fuera atada a una columna en presencia de un gran número de hombres de la corte, me hizo que me flagelaran con tal violencia, que mi cuerpo se bañó en sangre, y lucía como una sola herida abierta. El tirano pensando que me iba a desmayar y morir, me hizo arrastrar a la prisión para que muriera.

     Dos ángeles brillante con luz, se me aparecieron en la oscuridad y derramaron un bálsamo en mis heridas, restaurando en mi la fuerza, que no tenía antes de mi tortura. Cuando el emperador fue informado del cambio que en mi había ocurrido, me hizo llevar ante su presencia y trato de hacerme ver que mi sanación se la debía a Júpiter el cual deseaba que yo fuera la emperatriz de Roma. El espíritu Divino, al cual le debía la constancia en perseverar en la pureza, me llenó de luz y conocimiento, y a todas las pruebas que daba de la solidez de nuestra fe, ni el emperador ni su corte podían hallar respuesta.



   Entonces, el emperador frenético, ordenó que me enterraran, con un ancla atada al cuello en las aguas del río Tíber. La orden fue ejecutada inmediatamente, pero Dios permitió que no sucediera.

     En el momento en el cual iba a ser precipitada al río, dos ángeles vinieron en mi socorro, cortando la soga que estaba atada al ancla, la cual fue a parar al fondo del río, y me transportaron gentilmente a la vista de la multitud, a las orillas del río.

     El milagro logró que un gran número de espectadores se convirtieran al cristianismo.

     El emperador, alegando que el milagro se debía a la magia, me hizo arrastrar por las calles de Roma y ordenó que me fuera disparada una lluvia de flechas. Sangre brotó de todas las partes de mi cuerpo y ordenó que fuera llevada de nuevo a mi calabozo. El cielo me honró con un nuevo favor. Entré en un dulce sueño y cuando desperté estaba totalmente curada. El tirano lleno de rabia dijo: Que sea traspasada con flechas afiladas. Otra vez los arqueros doblaron sus arcos, cogieron toda sus fuerzas, pero las flechas se negaron a salir.

     El emperador estaba presente y se puso furioso y pensando que la acción del fuego podía romper el encanto, ordenó que se pusieran a calentar en el horno y que fueran dirigidas a mi corazón. El fue obedecido, pero las flechas, después de haber recorrido parte de la distancia, tomaron la dirección contraria y regresaron a herir a aquellos que la habían tirado. Seis de los arqueros murieron. Algunos de ellos renunciaron al paganismo y el pueblo empezó a dar testimonio público del poder de Dios que me había protegido. Esto enfureció al tirano. Este determinó apresurar mi muerte, ordenando que mi cabeza fuera cortada con un hacha.

     Entonces, mi alma voló hacia mi Divino Esposo, el cual me puso la corona del martirio y la palma de la virginidad.



jueves, 10 de agosto de 2017

EL JOVEN MÁRTIR DE CRISTO REY: ANTONIO MOLLE LAZO


NACIMIENTO E INFANCIA

     Antonio Molle nació en Arcos de la Frontera (Cádiz) el 2 de abril de 1915, Viernes Santo, y al poco pasó por delante de la casa la procesión de Nuestro Padre Jesús Nazareno: todo parecía presagiar desde el principio el final martirial de nuestro personaje. Hijo de Carlos Molle Gutiérrez y de María Josefa Lazo, fervientes católicos y de firmes convicciones patrias, aprendió de ellos la firmeza en los principios, la devoción religiosa y el valor de la vida familiar.

     A los cinco meses marcharon por motivos laborales del padre a Jerez de la Frontera, donde se asentarían definitivamente. No se puede decir, desde luego, que la familia conociera en ningún momento una situación económica boyante, sino que siempre vivieron de forma más bien modesta: en ocasiones incluso el padre y los hijos quedaron en el paro laboral.



Devota estampa que se ha hecho para colocar en ella pedacitos
de un corporal que estuvo en contacto con la tumba del Mártir


     En Jerez, Antonio se formó en la escuela y creció en su primera etapa de niño y adolescente en el Colegio del Buen Pastor de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (Hermanos de La Salle). No destacó nunca en los estudios, que le costaban bastante, pero sí lo suplió, en cambio, por el notable esfuerzo puesto en ellos. 

DEVOTO DEL ROSARIO Y TERCIARIO CARMELITA

     Asimismo, resaltó por su calidad humana en el trato con los demás, la reciedumbre de carácter que poco a poco se iba forjando y la piedad religiosa que mostró desde pronto como miembro de las congregaciones devocionales que los Hermanos de La Salle tenían en el colegio. También se inició de forma temprana en el amor a Jesucristo Rey, conforme a la instauración de su fiesta por el papa Pío XI en 1925, año en el que precisamente recibió la primera Comunión. Por otro lado, recibió de niño el Escapulario del Carmen, quedando vinculado al Convento de los Padres Carmelitas Calzados de Jerez como Terciario. Resaltó por su devoción mariana y por el rezo del Santo Rosario.

     A los 15 años, en 1930, terminó sus estudios en el colegio, si bien permaneció unido a él mediante la asociación de antiguos alumnos y en las prácticas de piedad y los entretenimientos de éstos, y emprendió la vida laboral. En un primer momento, fue admitido como meritorio en la estación de ferrocarril de Jerez de la Frontera: un empleo en el que no ganaba un salario, sino que había de hacer méritos para poder pasar a ocupar una plaza ya remunerada. Jamás escondió su fe religiosa en un ambiente más bien hostil, dominado por los marxistas, sobre todo socialistas, quienes finalmente consiguieron a nivel nacional que los empleos ferroviarios quedaran restringidos a hijos de trabajadores del ramo.






     De este modo, Antonio Molle se vio en la calle y hubo de buscar trabajo. Lo encontraría como escribiente en unas bodegas y más tarde como taquillero en un teatro, conociendo la realidad del paro obrero en algunos momentos breves, dada la crítica situación económica de la España republicana. 

     En todo este tiempo, Antonio fue forjando una personalidad firme en sus convicciones, hasta el punto de animar a otros amigos a ir a las iglesias de los barrios más conflictivos para asistir a la Santa Misa, a pesar de las amenazas de los socialistas a los católicos que vivían allí o que iban a esos templos. 

     Con 16 años, en 1931, Antonio Molle se afilió a la Juventud Tradicionalista de Jerez de la Frontera. La simpatía hacia el carlismo le venía por línea familiar, pero fue ante todo la defensa de la Fe, de la España Católica y de los derechos de la Iglesia lo que le decidió a dar el paso. Le gustaba mucho asistir a las reuniones y tertulias del Círculo Tradicionalista y de la Sección de Juventud, tratar con sus amigos acerca de los problemas presentes, entretenerse allí mismo en distracciones y juegos, comprometerse en las actividades, etc. Con valentía se entregaba a colaborar en las campañas electorales y en la distribución de la propaganda y pegadas de carteles, pese a la violencia desencadenada por las formaciones marxistas.

DETENCIÓN Y ENCARCELAMIENTO

     En febrero de 1936, el Frente Popular llegó al poder y se acentuó la persecución religiosa. El 2 de abril, día de su cumpleaños, habían de pasar por la estación de ferrocarril unos batallones del Ejército y Antonio fue con un montón de hojas debajo del brazo para repartirlas entre los soldados al grito de: “¡Viva Cristo Rey! ¡Viva el Rey!”.

     Poco después fue detenido y conducido a la cárcel de Jerez. Allí, como los antiguos mártires, se mostró pleno de alegría y entonaba los numerosos cánticos religiosos que conocía, como el Cantemos al Amor de los amores, el Corazón Santo, Tú reinarás y la Salve, Regina. Frente a las prohibiciones de los carceleros para cantar, se dedicó a escribir en las paredes la letra, con lo cual hubieron de dejarlo por imposible.
 
     Recibía la visita de sus amigos y sólo lamentaba no poder oír la Santa Misa ni comulgar, ya que estaba prohibido. Así que se entregó de lleno al rezo del Santo Rosario, solo o con otros católicos que fueron llegando también allí por la persecución religiosa y política que se estaba desatando en España. Pidió a los amigos que le llevaran libros religiosos y sobre todo se dedicó a leer con gran interés las historias de los mártires, encontrando gran consuelo en lo que ellos habían padecido, a la vez que pensaba que lo que él sufría no era digno de parangonarse con sus gestas.



Detente con los colores nacionales de fondo, muy similar al que
usaron los Requetés como Antonio Molle durante la Cruzada de 1936


     En poco tiempo, el alma de Antonio se estaba transformando hacia una entrega absoluta, heroica y martirial. Su modelo eran los mártires y su corazón se encendía cada vez más en ansias de martirio por amor de Cristo, al que se pisoteaba en España. Otro devoto tradicionalista, encerrado con él en la cárcel de Jerez por aquellos días y con quien hablaba largos ratos, ha transmitido muchas de estas noticias y ha referido que le dijo un día: Sufriré los más grandes tormentos antes que apostatar de mi Dios. A la cárcel fue a parar asimismo su hermano Carlos, detenido por defender con otros jóvenes el convento de Santo Domingo de Jerez, de los dominicos, frente al asalto de las turbas marxistas. Por fin, el 16 de mayo, fue puesto en libertad.
MARTIRIO HEROICO

     El 18 de julio de 1936, el Alzamiento iniciado en Melilla el día antes se extendió por otras partes de España y triunfó pronto en Jerez, Cádiz y Sevilla. Antonio Molle se reunió entonces con los otros “requetés”, los combatientes carlistas, para formar una unidad a disposición de las autoridades militares y que sería el origen del Tercio de Nuestra Señora de la Merced. Los requetés profesaban una sincera fe religiosa y una honda devoción, especialmente hacia Cristo Rey y la Virgen María, teniéndose a sí mismos como auténticos cruzados y confiando en la restauración de la España católica.

     El día 10 de Agosto, fiesta de San Lorenzo, se celebró Misa en el convento de las Hermanas de la Cruz (fundadas por Santa Ángela de la Cruz), pues la iglesia de Peñaflor había sido profanada por los marxistas, y Antonio asistió y comulgó. Algunos han dicho que tal vez se ofreciera en ese momento como víctima de inmolación al Señor, según supusieron por el aspecto tan recogido que presentaba y porque cayó mártir a las pocas horas, pero no existe ningún otro dato que pueda corroborar esa victimación. Lo que sí es muy probable es que realizase una aceptación de la muerte, habitual entre los requetés.

     Ese mismo día 10 se produjo un fuerte ataque de los milicianos frentepopulistas a Peñaflor, que cogió de sorpresa a los defensores; el pueblo finalmente no sería perdido por éstos al llegar refuerzos, pero entretanto se produjo el martirio de Antonio Molle.

     Habiendo permanecido para defender a las Hermanas de la Cruz y a otras mujeres, en un acto de caballerosidad, fue apresado por los milicianos, que le sometieron a una tremenda paliza y a vejaciones, burlándose de él e intentando hacerle blasfemar y renegar de su fe. Gracias a algunos testigos, el relato de lo acontecido es bien conocido. Intentaron varias veces que gritara: “¡Muera la religión!” y “¡Viva Rusia!”; a lo cual sólo respondía: “¡Viva Cristo Rey!” y “¡Viva España!” También, cuando le amenazaban con ir a matarle y a beber su sangre, dijo: Me mataréis, pero Cristo triunfará”. 

     De los labios de Antonio, sin embargo, no se escuchó ningún insulto. Ante su negativa a blasfemar y a renegar de la fe, le mutilaron las orejas y le sacaron los ojos y parte de la nariz, pero únicamente decía: “¡Ay, Dios mío!” y seguía profesando: “¡Viva Cristo Rey!Recibía golpes en todo el cuerpo, pero fundamentalmente en la cabeza. Sobre su pecho seguía llevando, también ensangrentado, el “Detente” con el Corazón de Jesús sobre el fondo de la bandera española.

     Comprendiendo que llegaba ya su final, pues uno de los asesinos dijo que iba a dispararle, extendió cuanto pudo sus brazos en forma de cruz, colocó sus piernas asemejándose a las del Crucificado y, con todas cuantas fuerzas pudo sacar aún de su interior, gritó con voz potentísima: “¡Viva Cristo Rey!



 
      Entonces le fusilaron así, en posición de cruz. Cayó al suelo de la carretera, con los brazos abiertos y cruzada su pierna derecha sobre la izquierda. Algunas gotas de sangre habían coloreado sus alpargatas blancas. Eran aproximadamente las cuatro de la tarde. Conservaba todavía cierto movimiento y algunos quisieron rematarle, pero otro les gritó: “¡No arrematarlo, dejadlo que sufra!” Sin embargo, muchos no se contentaron con esto y le volvieron a propinar golpes y cuchilladas. Finalmente, dejó de respirar y su corazón se detuvo. Murió en la carretera y quedó allí solo.

FAMA DE SANTIDAD

     Las fuerzas nacionales consiguieron finalmente mantener Peñaflor y entonces se recogió el cadáver de Antonio. De inmediato, los testigos contaron el relato de lo sucedido y se le dio fama de muerte martirial. En la iglesia, restaurado el culto tras las destrucciones y la profanación, se celebró una Misa por su alma y por otros caídos en la localidad. Los restos de su sangre fueron también enseguida besados por la gente. El cadáver, con honores militares, fue trasladado a Jerez de la Frontera, donde recibió sepultura, y tiempo después se llevó desde el cementerio a la Iglesia del Carmen ante el creciente número de visitas de devotos a su sepultura.

martes, 8 de agosto de 2017

EL SANTO CURA DE ARS, COMO DEBE SER UN CURA




BREVE BIOGRAFÍA

Natural de Dardilly ( Francia ), donde nació el 8 de Mayo de 1786, sintiendo vocación 
para el sacerdocio, encontró dificultades tan serias en los estudios eclesiásticos
 que sólo pudo superarlas por especial auxilio divino.

 Nombrado cura de la pequeña aldea de Ars, por su celo convirtió a la parroquia;
 de todos los puntos de Francia acudía la gente para confesarse con el humilde sacerdote
 que permanecía noches enteras en el confesonario. 

Entró en el Paraíso el 4 de Agosto de 1859, sin embargo, la Santa Iglesia 
señaló su festividad para tal día como hoy, 8 de Agosto.




ALGUNOS HECHOS MÍSTICOS DEL SANTO CURA DE ARS

   En un mundo descreído como el nuestro, urge desempolvar una realidad olvidada por muchos, atacada por unos pocos y colmada de indiferencia por la mayoría... me refiero a la faceta mística de los Santos. Muchas veces leemos en las vidas de los Bienaventurados capítulos referentes a su amor por Dios y las almas, de su fuerte devoción a Nuestra Señora, de su anhelo por asemejarse a Cristo Nuestro Señor, pero algunos tratan de enterrar la unión espiritual con el Creador y Señor de todo lo creado, Aquél que puede consolar a los que le aman especialmente, con gracias y dones sobrenaturales.

   Nos empeñamos en creer que los Santos sólo fueron personas con un mayor grado de virtud que el resto de los mortales, pero olvidamos que también los Santos son como una chispa del Poder de Dios que fluye a través de ellos con naturalidad, por la fuerza de su deseo de amar y hacer amar al Señor. 

   Esa sobrenaturalidad en medio de lo natural, de lo cotidiano, no vuelve al Santo un ser alejado de los problemas y necesidades de su prójimo, al contrario: saborear la belleza de lo sobrenatural, eleva al alma no sólo para provecho espiritual propio, sino que la impele a gritar a todos la necesidad de ser santos.

   San Juan María Vianney, quien hace ciento cincuenta y cuatro años dejó este mundo para encontrarse con Dios para siempre, saboreó muchas veces esa sobrenaturalidad, ese anticipo del Cielo, pero en la tierra. Como Santo, procuraba esconder esos pequeños favores celestiales, que en ocasiones desvelaba a compañeros sacerdotes ( seguramente porque el Santo Cura dudaba hasta de sus propios sentidos )  y en otros , simplemente era descubierto por alguno de sus devotos parroquianos, como veremos en los relatos siguientes.

EL SANTO CURA DE ARS 
Y EL SANTO SACRIFICO DE LA MISA

      Los que tuvieron la dicha de asistir a las Misas celebradas por el San Juan María Vianney, notaron la transfiguración que se producía en el sacerdote santo. Él mismo era consciente, por eso en más de una ocasión pidió que no le mirasen mientras celebraba el Sacrificio del Altar. Según relato de un contemporáneo, aquél ángel de la fe y serafín por el amor, tenía al celebrar "los ojos de fuego que iluminaban su rostro" (1). 

      Otro testimonio es el de Andrés Treve, que con frecuencia le ayuda a Misa: "Vi con frecuencia que su actitud recogida tenía todas las apariencias del éxtasis". Instintivamente, le miraba uno de los pies "para ver si todavía tocaban el suelo".


      El mismo Cura de Ars, con piedad cuasi infantil, comentó a Catalina Lassagne, una fiel parroquiana: "¡Oh, qué hambre tenía durante la Misa!. Cuando ha llegado el momento de comulgar, he dicho al Señor: Dios mío, alimentad mi cuerpo y mi alma; y el hambre ha cesado por completo". Según testimonio de la misma Catalina Lassagne, un sacerdote dijo del Santo Cura que "Tiempo vendrá, en que le Cura de Ars no vivirá sino de la Eucaristía".

      Según el Rvdo. Toccanier, "la opinión general en Ars era de que gozaba de la presencia visible del Salvador en la Eucaristía". No sería extraño, ya que en palabras del mismo San Juan María Vianney "Después de la Consagración, cuando tengo a Nuestro Señor en mis manos, me olvido de mí", o aquellas otras donde desveló que "Cuando Nuestro Señor está sobre el Altar durante la Misa, al pedirle por los pecadores, lanza rayos de luz para cubrirles sus miserias y convertirles."

      Hacia 1850, en una de sus instrucciones a los peregrinos que se iban a confesar con él, les dijo: "Ved que somos del todo terrenales, y nuestra fe nos presenta los objetos a trescientas leguas de distancia, como si Dios estuviera al otro lado de los mares. Si tuviéramos una fe viva, a buen seguro que le veríamos allí, en el Santísimo Sacramento. Hay sacerdotes que lo ven todos los días en el Santo Sacrificio de la Misa."

(1) Palabras del General Des Garets ( Panégyrique du B. Vianney, 6 de Agosto de 1918)