martes, 26 de septiembre de 2017

PADRE PÍO Y EL ÁNGEL CUSTODIO

     La piedad tradicional ha dedicado los martes a la devoción del Santo Ángel Custodio. Según enseña Santo Tomás de Aquino (el Doctor Angélico), el Ángel Custodio que cada uno tenemos encomendado, nos acompaña desde la niñez hasta el momento mismo de presentarnos ante Dios en el Juicio Particular, justo después de morir. Si la Misericordia de Dios dispone llevarnos al Bendito Purgatorio, también allí nuestro Custodio velará por nosotros. Algunos Santos afirman que en el Purgatorio sí podremos ver al Ángel de la Guarda que en esta vida no podemos más que apreciar con los ojos del alma.





ALGUNAS FRASES DEL PADRE PÍO SOBRE EL ÁNGEL CUSTODIO

La mayoría de los biógrafos de este sacerdote estigmatizado
coinciden en que el Santo Padre Pío, gozó de la visión de su Ángel,
no solamente con los ojos del alma, mediante confidencias y ayudas,
sino que lo pudo apreciar con los ojos corporales y tratarlo como amigo.


    "Que el buen Ángel Custodio vele sobre ti. Él es tu conductor, que te guía por el áspero sendero de la vida. Que te guarde siempre en la gracia de Jesús, te sostenga con sus manos para que no tropieces en cualquier piedra, te proteja bajo sus alas de las insidias del mundo, del demonio y de la carne.  

   Tenle gran devoción a este Ángel Bienhechor. ¡Qué consolador es el pensamiento de que junto a nosotros hay un espíritu que, desde la cuna hasta la tumba, no nos deja ni un instante ni siquiera cuando nos atrevemos a pecar! 

   Este espíritu celeste nos guía y nos protege como un amigo o un hermano. Es también consolador saber que este ángel reza incesantemente por nosotros, ofrece a Dios todas las buenas acciones y obras que hacemos; y nuestros pensamientos y deseos, si son puros. 

   Por caridad, no te olvides de este compañero invisible, siempre presente y siempre pronto a escucharnos y más todavía para consolarnos. ¡Oh, feliz compañía, si supiésemos comprenderla!"






lunes, 25 de septiembre de 2017

LA INFILTRACIÓN JUDÍA EN LA IGLESIA CATÓLICA (Parte II) por el Rvdo. P. Hernán A. Vergara

En sucesivos artículos trataremos un tema ciertamente molesto, 
pero necesario de explicar: la infiltración judía en la Iglesia Católica.
De antemano agradecemos al Padre Hernán
 su desinteresada colaboración con este modesto blog.


     Analicemos algunas de sus sagradas enseñanzas del Talmud:

   “Los judíos nunca deben cesar de exterminar a los Goim –cristianos-; no les debe dejar nunca en paz…” “A los cristianos se les debe matar sin misericordia” Aboda Zarah (26b) Talmud.

   “Los judíos no deben escatimar ningún esfuerzo en combatir a los tiranos que los mantienen en este Cuarto Cautiverio a fin de ser libres. Deben combatir a los cristianos con astucia y nada debe hacer para evitar que les suceda algún mal: sus enfermos no deben ser atendidos, no se debe ayudar a las mujeres cristianas en el momento del parto, ni tampoco deber ser salvados cuando estén en peligro de muerte” Zohar (1, 160) Talmud.

   “La vida de un Goim y todos sus poderes físicos pertenecen a un judío” A Rohl. Die Polem., p.20.

   “Se les debe matar aún a los mejores Goim” Aboda Zarah (26b) Talmud.

     Con este tipo de “sagradas enseñanzas” judías, aprendidas desde la más tierna edad, se forman hombres llenos de odio a los goim es decir a los cristianos y por esta razón aman la usura, el dar muerte a un católico, el envenenar pueblos enteros, el tratar a los no judíos como bestias… ¿Por qué? “A los cristianos se les debe matar sin misericordia” “sagrada” enseñanza del Talmud.

   “Y hasta en el siglo tercero atropellaban en las mismas sinagogas con azotes y apedreadas a las mujeres cristianas siempre que podían: las maldecían públicamente en sus sinagogas tres veces al día, los rabinos prohibían hablar con los cristianos, y oír sus exhortaciones, había judíos que preferían la muerte a ser curados milagrosamente por los cristianos;” Don Félix Amat, Tratado de la Iglesia de Jesucristo o Historia Eclesiástica,tomo III, cap. 1, página 4; año 1806.

     A este elemento debemos sumarle la opresión que justamente padecieron en los siglos XII, XIII y XIV principalmente; eran marcados de por vida, señalados en su ropa, en sus domicilios, en sus trabajos; sumado esto y sus “sagradas enseñanzas”, guardaban un odio demoníaco.




Suceso del Niño de la Guardia:
Martirio de un niño cristiano 
a manos de los judíos
(Hoy, 25 de Septiembre se celebra su memoria)


     Tomado del libro: Centinela contra los judíos, páginas 158-161, del Padre Fray Francisco de Torrejoncillo, predicador jubilado de la santa provincia de San Gabriel, de Descalzos de la Regular Observancia de San Francisco. Escrito en 1670, con todas las aprobaciones eclesiásticas:

   “Sucedió en el año de mil cuatrocientos y noventa, que un Judío, vecino de un lugar, que llaman Quintanar, con otros naturales, y vecinos de la Guardia, y de Tembleque, se hallaron en Toledo, al tiempo que se hacía un Auto de Inquisición de Fe; y viendo el daño que se les seguía de los Ministros de ella, dijo el Quintanar a los otros. Yo se cierto hechizo, con el cual rabiarán, y morirán todos estos, y prevalecerá la ley de Moisés.

          Concertaronse todos, que se juntasen en Tembleque, donde después de muchas consultas, determinaron de hurtar un Niño inocente, de tres a cuatro años, y esto se encomendó a uno, llamado Juan Franco, por más astuto (aunque cualquiera de ellos lo es mucho más para hacernos mal:) hurtóle en Toledo, y llevóle al lugar de la Guardia, de donde él era vecino, diciendo a los moradores, que era su hijo, y que lo había tenido dado a criar en otra parte, y llegando el tiempo de la Pasión del Señor, se juntaron todos en una cueva a media legua, de la Guardia, adonde trataron antes de hacer el hechizo, de ejecutar en el Niño inocente todas las afrentas, oprobios y deshonras, que en el Hijo de Dios sus antepasados hicieron; y repartidos los oficios entre ellos para este lastimoso caso, le echaron al inocente niño una gruesa soga a la garganta, y llevaronle a los Pontífices Anás y Caifás: levantaronle falsos testimonios, dieronle de bofetadas, empujones, y escupieronle en el rostro, diciendo mal de la doctrina de Cristo, y como si hablaran con su Divina Majestad, le decían al Niño: Este traidor engañador engaña las gentes, alborota los Pueblos, y se llama Hijo de Dios...

           ...y luego lo llevaron delante de un Fernando de Ribera, vecino de Tembleque, Contador del Priorato de San Juan, el cual como Persona más principal, hacia oficio de Poncio Pilatos, y el se sentó en un Tribunal donde llegaron Juan de Ocaña, y Garci Franco, y otro Lope Franco, y le dieron el mismo numero de azotes, que sus antepasados al Hijo de Dios, diciéndole: Traidor, engañador, que cuanto predicabas, no eran más que mentiras contra la Ley de Dios, y de Moisés; aquí pagaras ahora lo que decías, y hacías en aquel tiempo. Así continuaron las demás afrentas, hasta que le crucificaron, y le dieron la lanzada, en la cual hora (como se averiguo y supo después) que la madre del santo Niño era ciega, y súbitamente cobró vista, sin saber cómo, o de qué manera. 

          Después de esto sacaron al Niño el corazón, y guardándole, y enterraron el cuerpo. Con el corazón del niño recurrieron a la Ciudad, para acabar el hechizo, a un Juan Gómez, que también era Cristiano nuevo, y Sacristán de cierta Parroquia: (O mi Dios, y quien sea a vuestra Majestad Soberana Sacramentado de Sacristanes, y de Curas maculados!) y dieronle treinta reales, porque hurtase del Sagrario una Hostia Consagrada, y se la diese; el Sacristán Juan Gómez la hurtó, y se las dio, y vendió así como ellos lo quisieron; y juntos otra vez todos, ordenaron alguna experiencia: y viendo que no les salía como pensaban, acordaron de remitir el negocio a los Judíos de Zamora, donde estaban los más Sabios, Doctos y Rabinos, y enviaron con el corazón, y Santa Hostia a un Benito García de las Mesuras, el cual llevaba el corazón entre unos paños, y la Hostia dentro de unas Horas -libro con salmos escritos- con que rezaba, con cartas de crédito para los Judíos dichos en que les manifestaba su intento. 




          Este tal pasando por Ávila, donde estaba el Tribunal del Santo Oficio, que después se pasó a Toledo, como era disimulado, y tenido en buena cuenta, luego que se apeó, se fue derecho a la Catedral, y allí hizo que con mucha devoción rezaba por las Horas; y viéndolo un Cristiano, que acaso entró en la Iglesia, noto como de las Horas salían rayos como del Sol; y pareciéndole que sería algún Santo aquel hombre, fuese tras él hasta la posada, donde dio cuenta al Santo Oficio, y envió personas a saber del caso: cogieron a Benito García de las Mesuras; y vistas las cartas que traía, le prendieron, y en los demás lugares a otros, que fueron quemados año de 1491. Así lo refiere el Padre Fray Rodrigo de Yepes, en la Historia del Niño de la Guardia.

   Es así como al convertirse al cristianismo es solo en la apariencia, pero no solo eso, desean vengarse y satisfacer su odio que profesan desde su más tierna edad, vengarse haciendo el mayor daño a la Iglesia.

     Una vez convertidos falsamente a la fe católica, “abjuraban” del judaísmo, cambiaban sus nombres judíos por nombres católicos, y de esta manera con el pasar de los años pudieron enriquecerse, hacer mucho daño a la Iglesia; incluso muchos de éstos falsos conversos se hicieron sacerdotes católicos, obispos, cardenales, con el fin de ocupar la silla de San Pedro y así destruir más fácilmente la Iglesia Católica, su principal enemigo.

Continuará...

Nota sobre el autor: El Padre Hernán Vergara, sacerdote de Cristo, ordenado en Acapulco (México) el 7 de Octubre de 2004 por S. E. R. Mons. Martín Dávila Gándara, es actualmente Párroco de la Iglesia de Cristo Rey, en Baja California Sur.




domingo, 24 de septiembre de 2017

NUESTRA SEÑORA, MARÍA SANTÍSIMA DE LA MERCED





          El Padre Gaver, en el 1400, relata como Nuestra Señora se aparece a San Pedro Nolasco en el año 1218 y le revela su deseo de ser Liberadora a través de una orden dedicada a socorrer a los cristianos cautivos en tierras infieles.
          Ante la visión de la Virgen Santísima, San Pedro Nolasco, confundido por tal gracia, le pregunta:
     "¿Quién eres tú, que a mí, un indigno siervo, pides que realice obra tan difícil, de tan gran caridad, que es grata Dios y meritoria para mi?"

          Nuestra Señora le responde:

   "Yo soy María, aquella en cuyo vientre asumió la carne el Hijo de Dios, tomándola de mi sangre purísima, para reconciliación del género humano. Soy aquella a la que dijo Simeón. cuando ofrecí mi Hijo en el templo: "Mira que éste ha sido puesto para ruina y resurrección de muchos en Israel; ha sido puesto como signo de contradicción: y a ti misma una espada vendrá a atravesarte por el alma".

   ¡Oh Virgen María - prosiguió el Santo- Madre de Gracia, Madre de Misericordia! ¿Quién podrá creer que tú me mandas?

   "No dudes en nada, -sentenció Nuestra Señora- porque es voluntad de Dios que se funde una orden de ese tipo en honor mío; será una orden cuyos hermanos y profesos, a imitación de mi hijo Jesucristo, estarán puestos para ruina y redención de muchos en Israel (es decir, entre los cristianos) y serán signo de contradicción para muchos."
          Para llevar a cabo esta misión, el 10 de Agosto de 1218, San Pedro Nolasco fundó en Barcelona la Orden de la Virgen María de la Merced de la redención de los cautivos, con la participación del Rey Jaime de Aragón y ante el Obispo de la ciudad, Berenguer de Palou. 

          Por la confirmación del Papa Gregorio IX aprobó la Orden el 17 de enero de 1235; la ratificó en la práctica de la Regla de San Agustín; le dio carácter universal incorporándola plenamente a su vida y sancionó su obra como misión en el pueblo de Dios.”




sábado, 23 de septiembre de 2017

EL PADRE PÍO Y EL VALOR DE LA SANTA MISA


PRIMEROS AÑOS Y SACERDOCIO
     El Padre Pío nació el 25 de Mayo de 1887, en una aldea llamada Pietrelcina, al sur de Italia, en la provincia de Benevento; sus padres, Horacio Forgione y Giuseppa de Nunzio unos humildes agricultores, encomendaron su protección al Seráfico San Francisco de Asís, por eso le bautizaron con su nombre. Con el pasar de los años, el Padre Pío se configuraría con aquél santo no sólo por pertenecer a su Orden, sino por llevar en su cuerpo los estigmas de la Pasión. 
     Siendo apenas un adolescente, Francisco manifestó su deseo de ser franciscano capuchino. Ya que la familia era sumamente pobre, su padre se vio obligado a emigrar a Estados Unidos y Jamaica, en busca de medios económicos con los que sustentar la carrera eclesiástica de su hijo.

   La víspera de su entrada en el Noviciado Capuchino de Morcone, el futuro santo recibió la visita de Nuestro Señor, que le animó a seguirle; también la Virgen Santa le consoló y prometió ayuda en el camino que iba a comenzar. Al tomar el hábito, cambió el nombre de Francisco por el de Pío.

   Años más tarde, el 10 de Agosto de 1910, Fray Pío es ordenado sacerdote en la Catedral de Benevento; como recuerdo de aquél día, el ya Padre Pío escribió: “Oh Jesús, mi suspiro y mi vida, te pido que hagas de mí un sacerdote santo y una víctima perfecta”.


LA TRANSVERBERACIÓN Y LOS SAGRADOS ESTIGMAS

     El 12 de Agosto de 1912, sufrió -a semejanza de Santa Teresa de Jesús y de Santa Verónica Giulianni- lo que era tener herido el corazón por el Amor de Dios. Así mismo lo narró él en una carta a su director espiritual: “Estaba en la iglesia haciendo la acción de gracias tras la Misa, cuando de repente sentí mi corazón herido por un dardo de fuego, hirviendo en llamas, y yo pensé que iba a morir”.

     Cuando apenas había pasado un mes de la transverberación, una nueva gracia espiritual marcaría el resto de la vida del Padre Pío. De nuevo, tenemos conocimiento exacto de los hechos a través de una carta que él mismo escribió a su director espiritual:




      Era la mañana del 20 de Septiembre de 1918. Yo estaba en el coro, haciendo la acción de gracias de la Misa y sentí que me elevaba poco a poco siempre a una oración más suave, de pronto una gran luz me deslumbró y se me apareció Cristo, que sangraba por todas partes. De su cuerpo llagado salían rayos de luz, que más bien parecían flechas que herían las manos, los pies y el costado.

       Cuando volví en mí, me encontré en el suelo y llagado. Las manos, los pies y el costado me sangraban hasta hacerme perder las fuerzas para levantarme. Me sentía morir, y hubiera muerto si el Señor no hubiera venido a sostenerme el corazón que sentía palpitar fuertemente en mi pecho. A gatas me arrastré hasta la celda. Me recosté y recé, miré otra vez mis llagas y lloré, elevando himnos de agradecimiento a Dios.”


   Pero a estas dolorosas experiencias, se le sumaría la de la incomprensión humana; el Padre Agustín Gemelli, franciscano, doctor en medicina, se acercó al convento de San Giovanni Rottondo para examinar los estigmas del Padre Pío, que se negó, ya que el P. Gemelli no traía consigo autorización alguna. Eso fue el detonante para que el médico franciscano publicase un artículo calificando al Padre Pío de neurótico y se ser él mismo el que se había autolesionado.


NUESTRO SEÑOR LE REVELA EL VALOR DE LA SANTA MISA

     Durante ésta persecución puesta en marcha por la Jerarquía de la Iglesia, entre finales de los años 20 y comienzo de los 30, el Padre pío se dedicó a rezar, leer, estudiar y escribir; en un diario personal explica qué es la Santa Misa por boca del mismo Jesucristo:
          “Pensad que el sacerdote que me llama entre sus manos tiene un poder que ni a Mi Madre concedí. Reflexionad que si sirviesen al sacerdote, en vez que un sacristán, los más excelsos serafines, no serían suficientemente dignos de estarles cerca. Domándoos si, considerando la preciosidad del dono que os hago, es digno asistir a Misa pensando en otra cosa en vez que en Mí. Más bien sería justo que, humillados y agradecidos, palpitarais alrededor Mío y, con toda el alma, me ofrecierais al Padre de las Misericordias; más bien sería justo considerar el altar no por lo que han hecho los hombres, sino por lo que vale, por Mi presencia Mística, pero Real. Mirad la Hostia, en la que cada especie es aniquilada, y me veréis a Mí, humillado por vosotros. Mirad el Cáliz en el que mi sangre vuelve a la tierra, rica como es de toda bendición. Ofrecedme, ofrecedme al Padre. No olvidéis que para esto Yo vuelvo entre vosotros.
          Si os dijeran: ‘Vámonos a Palestina para conocer los Santos Lugares en los que Jesús vivió y donde murió’ vuestro corazón daría un vuelco ¿verdad? Sin embargo, el Altar sobre el que bajo ahora es más que Palestina, porque de ella partí hace veinte siglos y sobre el Altar Yo retorno todos los días vivo, verdadero, real, si bien escondido, pero soy Yo, propio Yo que palpito entre las manos de Mi ministro. Yo vuelvo a vosotros, no simbólicamente, oh no, sino verdaderamente. Os lo digo una vez más: verdaderamente. […]
          ¡Getsemaní, Calvario, Altar! Tres lugares de los que el último, el Altar, es la suma del primero y del segundo; son tres lugares, pero uno sólo es Aquél que encontrareis ahí. […]
          Yo vuelvo sobre el Altar Santo desde el cual os llamo. Llevad vuestros corazones sobre el corporal santo que sujeta mi Cuerpo. Hundíos, almas dilectas, en aquel Cáliz divino que contiene mi Sangre. Es ahí que el amor estrechará a vuestros espíritus al mismo Creador, al Redentor, a vuestra Víctima; es ahí donde celebraréis mi gloria en la humillación infinita de Mí mismo. Venid al Altar, miradme a Mí, pensad intensamente en Mí…”


viernes, 22 de septiembre de 2017

SANTO VIACRUCIS, "JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE", por el Doctor Plinio Corrêa de Oliveira


 Siguiendo el esquema de piedad de LA SEMANA DEL BUEN CRISTIANO, dedicamos este día viernes al Sacratísimo Corazón de Jesús y a meditar en reparación al Mismo Corazón, los sufrimientos que padeció Nuestro Señor en Su Dolorosa Pasión.

     Un sencillo método, para aquellos que se inician en esta necesaria devoción o para aquellos que carecen de mucho tiempo, es centrarnos en una de las Estaciones del Santo Viacrucis, si bien siempre será lo ideal rezarlo completo, para poder lucrar las indulgencias que lleva concedidas.




     ¿Quién, Señora, viéndote llorar, osaría preguntar por qué lloráis? Ni la Tierra, ni el mar, ni todo el firmamento, se podrían comparar con vuestro dolor. Dadme, Madre mía, un poco, por lo menos, de ese dolor. Dadme la gracia de llorar a Jesús, con las lágrimas de un dolor de conciencia sincero y profundo.

     Sufrís en unión Jesús. Dadme la gracia de sufrir como Vos y como Él. Vuestro mayor dolor no fue por contemplar los inexpresables padecimientos corporales de vuestro Divino Hijo. ¿Qué son los males del cuerpo en comparación con los del alma? ¡Si Jesús sufriese todos aquellos tormentos, pero a su lado hubiera corazones compasivos…! ¡Como si el odio más estúpido, más injusto, más desmañado, no hiriera al Sagrado Corazón enormemente más de lo que el peso de la Cruz y los malos tratos que herían el cuerpo de Nuestro Señor! 

     Pero la manifestación tumultuosa del odio y de la ingratitud de aquellos a quienes Él había amado… a unos pasos de ahí, estaba un leproso a quien había curado… más lejos un ciego a quien había curado la vista… poco más allá un sufridor a quien había devuelto la paz. Y todos pedían su muerte, todos le odiaban, todos le injuriaban. Todo esto hacía sufrir a Jesús inmensamente más que los inexpresables dolores que pesaban sobre su Cuerpo.

     Y había algo peor, había el peor de los males. Había el pecado, el pecado declarado, el pecado manifiesto, el pecado atroz. ¡Si todas aquellas ingratitudes fuesen hechas al mejor de los hombres, pero, por absurdo, no ofendiesen a Dios…! Pero ellas eran hechas al Hombre Dios, y constituían contra toda la Trinidad Santísima un pecado supremo. He aquí el mal mayor de la injusticia y de la ingratitud.

     Este mal no está solamente en herir los derechos del bienhechor, sino también en ofender a Dios. Y de tantas y tantas causas de dolor, la que más os hacía sufrir, Madre Santísima, Redentor Divino, era ciertamente el pecado.

     ¿Y yo? ¿Me acuerdo de mis pecados? ¿Me acuerdo, por ejemplo, de mi primer pecado, o de mi pecado más reciente? ¿De la hora en que lo cometí, del lugar, de las personas que me rodeaban, de los motivos que me llevaron a pecar? Si yo hubiese pensado en toda la ofensa que os causa un pecado, ¿habría osado desobedeceros, Señor?

     Oh, Madre mía, por el dolor del Santo Encuentro, dadme la gracia de tener siempre delante de los ojos a Jesús Sufridor y Llagado, exactamente como Lo visteis en este paso de la Pasión.





Pater Noster. Ave Maria. Gloria Patri.
Padre Nuestro, Ave María, Gloria.
V. Miserére nostri Dómine.
V. Ten piedad de nosotros, Señor
R. Miserére nostri.
R. Señor, ten piedad de nosotros
V. Fidélium ánimae per misericordiam Dei requiéscant in pace.
V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz
R. Amen.
R. Amén







jueves, 21 de septiembre de 2017

EL SACRIFICIO PROPIO Y VERDADERO DEL ALTAR


     El jueves es el día que la Piedad Tradicional ha dedicado al Misterio Eucarístico, pues fue el Jueves Santo, el día bendito en que Nuestro Señor instituyó el Santo Sacrificio de la Misa. Muy importante que hoy procuremos asistir a la Santa Misa o al menos, hagamos una Comunión Espiritual. 

     No olvide hoy rezar de manera especial y con insistencia por el aumento de vocaciones y por la santidad de los sacerdotes católicos.




     Cristo Nuestro Señor, «sacerdote sempiterno, según el orden de Melquisedec»(1), «como hubiese amado a los suyos que vivían en el mundo» (2), «en la última cena, en la noche en que se le traicionaba, para dejar a la Iglesia, su amada Esposa, un sacrificio visible —como la naturaleza de los hombres pide— que fuese representación del sacrificio cruento que había de llevarse a efecto en la cruz, y para que permaneciese su recuerdo hasta el fin de los siglos y se aplicase su virtud salvadora para remisión de nuestros pecados cotidianos..., ofreció a Dios Padre su Cuerpo y su Sangre, bajo las especies del pan y del vino, y las dio a los Apóstoles, constituidos entonces sacerdotes del Nuevo Testamento, a fin de que, bajo estas mismas especies, lo recibiesen, al mismo tiempo que les ordenaba, a ellos y a sus sucesores en el sacerdocio, que lo ofreciesen»(3).

     El Augusto Sacrificio del Altar no es, pues, una pura y simple conmemoración de la Pasión y Muerte de Jesucristo, sino que es un Sacrificio propio y verdadero, por el que el Sumo Sacerdote, mediante su inmolación incruenta, repite lo que una vez hizo en la Cruz, ofreciéndose enteramente al Padre, Víctima gratísima. «Una... y la misma es la víctima; lo mismo que ahora se ofrece por ministerio de los sacerdotes se ofreció entonces en la cruz; solamente el modo de hacer el ofrecimiento es diverso».

     Si la piedad privada e interna de los individuos descuidase el Augusto Sacrificio del Altar y los sacramentos, y se sustrajese al influjo salvador que emana de la Cabeza en los miembros, sería, sin duda alguna, cosa reprobable y estéril; pero cuando todos los métodos y ejercicios de piedad, no estrictamente litúrgicos, fijan la mirada del alma en los actos humanos únicamente para enderezarlos al Padre, que está en los Cielos, para estimular saludablemente a los hombres a la penitencia y al temor de Dios, y arrancándolos de los atractivos del mundo y de los vicios, conducirlos felizmente por el arduo camino a la cumbre de la santidad, entonces son no sólo sumamente loables, sino hasta necesarios, porque descubren los peligros de la vida espiritual, nos espolean a la adquisición de las virtudes y aumentan el fervor con que debemos dedicarnos todos al servicio de Jesucristo."




   En el tiempo sagrado en que la liturgia nos propone los dolorosísimos tormentos de Jesucristo, la Iglesia nos invita a subir al Calvario para seguir de cerca las huellas sangrientas del divino Redentor, para sufrir con El gustosamente la cruz y excitar en nuestro espíritu los mismos sentimientos de expiación y de propiciación, y para que todos nosotros muramos juntamente con El.

   Trayendo a la memoria estos Misterios de Jesucristo, pretende la sagrada liturgia que todos los creyentes participen de ellos de tal manera, que la Divina Cabeza del Cuerpo Místico viva con su perfecta santidad en cada uno de los miembros. Sean las almas de los cristianos como altares en donde, en cierto modo, revivan las diferentes fases del sacrificio que inmola el Sumo Sacerdote: es decir, los dolores y lágrimas, que limpian y expían los pecados; la oración dirigida a Dios, que se eleva hacia el cielo; la entrega y como inmolación de sí mismo, hecha con ánimo pronto, generoso y solícito; y, finalmente, la estrechísima unión con la cual confiamos a Dios nuestras personas y nuestras cosas, y en El descansamos, «pues la esencia de la religión es imitar a aquel a quien adoras» (4).




NOTAS

(1) Sal 109,4
(2) Jn 13,1.
(3) Conc. Tridentino, ses.22 c.l.
(4) San Agustín, De la ciudad de Dios VIII c.17.


Extractos de la Encíclica Mediator Dei





miércoles, 20 de septiembre de 2017

VIDA DE SAN JOSÉ ( I ) SU PREDESTINACIÓN


           La Piedad Católica ha dedicado tradicionalmente el día MIÉRCOLES a rezar mediante la intercesión del GLORIOSO SAN JOSÉ. Por eso, todos los miércoles que sea posible -si no hay otra conmemoración más importante- procuraremos compartir breves extractos del libro "VIDA DE SAN JOSÉ", del Padre Francisco de Paula García, de la Compañía de Jesús.

           Procuremos no perder nuestras raíces cristianas, las mismas que un día hicieron grande nuestra Patria,  y continuemos al tiempo con aquéllas sencillas pero didácticas devociones de nuestros mayores; sólo abrazando con fuerza y sin respetos humanos la Fe de siempre, podremos seguir siendo fieles a la genuina Doctrina de Nuestro Señor Jesucristo.





PREDESTINACIÓN DE NUESTRO PADRE Y SEÑOR 
SAN JOSÉ


     Cuando el Señor, en Su infinita Misericordia, promulgó el decreto de nuestra redención, no sólo escogió en el tiempo todas las circunstancias que debían preceder, acompañar y seguir a su ejecución, sino que también determinó con toda precisión el oficio y orden de todos los que debían tomar parte en tan portentoso misterio.

     De aquí se sigue que, como María debió de estar comprendida inmediatamente después de Jesús en el el decreto de la Encarnación del Verbo y predestinada a ser augustísima Reina y Madre del Hijo de Dios, a la predestinación de la Virgen María debió seguir también inmediatamente la de San José, porque para ocultar al mundo este misterio hasta que se realizara, así como para poner a salvo el honor de la Madre y el buen nombre del Hijo, era preciso que María fuera desposada con el varón más justo y humilde de la casa de David, y por eso no se concibe la predestinación de la Virgen Santísima sin contemplar a Su lado a Su castísimo esposo, el Glorioso Patriarca San José.



     ...deduce el insigne Padre Morales que, así como el nombre de Jesús es el primero que ab aeterno se escribió en el libro de los predestinados, como la cabeza de todos ellos, y el segundo el Dulcísimo Nombre de María, como Madre de Jesús, así en su proporción relativa, debió de ocupar el tercer lugar el suavísimo nombre de San José, como esposo de María y fiel guardián y sostén de Jesucristo.

      San Bernardo escribe que San José, y sólo San José, con preferencia a los más santos y distinguidos personajes del Antiguo y Nuevo Testamento, fue constituido por Dios en la tierra como coadjutor o cooperador fidelísimo del gran Consejo, esto es, de la Encarnación del Verbo increado. San Bernardino de Siena encomía al Glorioso Patriarca por haber sido elegido por el Eterno, con generosa providencia, guarda y defensor de sus principales tesoros, Jesús y María. 

     He aquí el origen y vena inagotable de las grandezas de San José: su predestinación eterna a ser cooperador del misterio más grande que adoraron los siglos.


(Continuará...)









martes, 19 de septiembre de 2017

NUESTRA SEÑORA ADVIRTIÓ QUE VENDRÍA LA APOSTASÍA


"...cuando el Hijo del Hombre venga, ¿hallará fe en la tierra?"

Evangelio de San Lucas, cap. 18, vers. 8



RELATO DE LA CELESTIAL APARICIÓN 
DE NUESTRA SEÑORA EN LA SALETTE

Sucedió este gran acontecimiento en una meseta montañosa al sudeste de Francia,
 cerca del poblado de La Salette. Un niño llamado Maximino Giraud, de once años 
y Melania Mathieu de quince años estaban cuidando el ganado. 
Melanie estaba acostumbrada y entrenada a este tipo de trabajo 
desde que tenía nueve años de edad, pero todo era nuevo para Maximino. 
Su padre le había pedido que lo hiciera como un acto generoso 
para cooperar con el granjero que tenía a su ayudante enfermo por esos días.


     El día 18 de Septiembre, de 1846, víspera de la Aparición de la Santísima Virgen, estaba yo sola -relata Melania- como siempre cuidando el ganado de mi amo, alrededor de las once de la mañana vi a un niño que se aproximaba hacía mí. Por un momento tuve miedo, pues me parecía que todos deben saber que evitaba todo tipo de compañía. El niño se acercó y me dijo: "Hey niña, voy a ir contigo, soy de Corps". A estas palabras mi malicia natural se mostró y le dije: "No quiero a nadie a mi alrededor. Quiero estar sola". Pero el, siguiéndome, dijo: "Mi amo me envió aquí para que contigo cuidara el ganado. Vengo de Corps". Me separé molesta de el, dándole a entender que no quería a nadie alrededor mío. Cuando estaba ya a cierta distancia me senté en la hierba. Usualmente de esta forma hablaba a las florecitas o al Buen Dios.

     Después de un momento, detrás de mí estaba Maximino sentado y directamente me dijo: "Déjame estar contigo, me portaré muy bien". Aún en contra de mi voluntad y sintiendo un poco de lástima por Maximino le permití quedarse. Al oír la campana de la Salette para el Angelus, le indiqué elevar su alma a Dios. El se quitó el sombrero y se mantuvo en silencio por un momento. Luego comimos y jugamos juntos. Cuando cayó la tarde bajamos la montaña y prometimos regresar al día siguiente para llevar al ganado nuevamente.

     Al día siguiente, sábado, 19 de Septiembre, de 1846, el día estaba muy caluroso y los dos jovencitos acordaron comer su almuerzo en un lugar sombreado. Melania había descubierto que Maximino era muy buen niño, simple y dispuesto a hablar de lo que ella deseara. Era muy flexible y juguetón, pero si un poco curioso. Llevaron el ganado a una pequeña quebrada y encontrando un lugar agradable decidieron tomar una siesta. Ambos durmieron profundamente. Melania fue la primera en despertar. El ganado no estaba a su vista, entonces rápidamente llamó a Maximino. Juntos fueron en su búsqueda por los alrededores y lo encontraron pastando plácidamente.

     Los dos jóvenes volvían en la búsqueda de sus utensilios donde habían llevado su almuerzo y cerca de la quebrada en donde habían hecho la siesta divisaron un globo luminoso que parecía dividirse. Melania pregunta a Maximino si el ve lo que ella esta viendo. ¡Oh Dios mío!, exclamó Melania dejando caer la vara que llevaba. Algo fantásticamente inconcebible la inundaba en ese momento y se sintió atraída, con un profundo respeto, llena de amor y el corazón latiéndole más rápidamente. Vieron a una Señora que estaba sentada en una enorme piedra. Tenía el rostro entre sus manos y lloraba amargamente. Melania y Maximino estaban atemorizados, pero la Señora, poniéndose lentamente de pie, cruzando suavemente sus brazos, les llamó hacía ella y les dijo que no tuvieran miedo. Agregó que tenía grandes e importantes nuevas que comunicarles. Sus suaves y dulces palabras hicieron que los jóvenes se acercaran apresuradamente. Melania cuenta que su corazón deseaba en ese momento adherirse al de la bella Señora.

ERA ALTA Y MAJESTUOSA

     La Señora era alta y de apariencia majestuosa. Tenía un vestido blanco con un delantal ceñido a la cintura, no se podría decir que era de color dorado pues estaba hecho de una tela no material, más brillante que muchos soles. Sobre sus hombros lucía un precioso chal blanco con rosas de diferentes colores en los bordes. Sus zapatos blancos tenían el mismo tipo de rosas. De su cuello colgaba una cadena con un crucifijo. Sobre la barra del crucifijo colgaban de un lado el martillo y del otro las tenazas. De su cabeza una corona de rosas irradiaba rayos luminosos, como una diadema. En sus preciosos ojos habían lágrimas que rodaban sobre sus mejillas. Una luz más brillante que el sol pero distinta a éste le rodeaba.

     Le dijo a los jóvenes que la mano de su Hijo era tan fuerte y pesada que ya no podría sostenerla, a menos que la gente hiciera penitencia y obedeciera las leyes de Dios. Si no, tendrían mucho que sufrir. "La gente no observa el Día del Señor, continúan trabajando sin parar los Domingos. Tan solo unas mujeres mayores van a Misa en el verano. Y en el invierno cuando no tienen más que hacer van a la iglesia para burlarse de la religión. El tiempo de Cuaresma es ignorado. Los hombres no pueden jurar sin tomar el Nombre de Dios en vano. La desobediencia y el pasar por alto los mandamientos de Dios son las cosas que hacen que la mano de mi Hijo sea más pesada".




     Ella continuó conversando y les predijo una terrible hambruna y escasez. Dijo que la cosecha de patatas se había echado a perder por esas mismas razones el año anterior. Cuando los hombres encontraron las patatas podridas, juraron y blasfemaron contra el nombre de Dios aún más. Les dijo que ese mismo año la cosecha volvería a echarse a perder y que el maíz y el trigo se volverían polvo al golpearlo, las nueces se estropearían, las uvas se pudrirían. Después, la Señora comunica a cada joven un secreto que no debían revelar a nadie, excepto al Santo Padre, en una petición especial que el mismo les haría.

     La Señora agregó que si el pueblo se convirtiera, las piedras y las rocas se convertirían en trigo y las patatas se encontrarían sembradas en la tierra. Entonces preguntó a los jovencitos: "¿Hacéis bien vuestras oraciones, hijos míos?" Respondieron los dos: ¡Oh! no, Señora; no muy bien." ; "¡Ay, hijos míos! Hay que hacerlas bien por la noche y por la mañana. Cuando no podáis hacer más, rezad un Padrenuestro y un Avemaría; y cuando tengáis tiempo y podáis, rezad más."

DESPUÉS DE LA APARICIÓN...

     Con su voz maternal y solícita les termina diciendo: "Pues bien, hijos míos, decid esto a todo mi pueblo". Luego continuó andando hasta el lugar en que habían subido para ver donde estaban las vacas. Sus pies se deslizan, no tocan más que la punta de la hierba sin doblarla. Una vez en la colina, la hermosa Señora se detuvo. Melania y Maximino corren hacia ella apresuradamente para ver a donde se dirige. La Señora se eleva despacio, permanece unos minutos a unos metros de altura (aprox. 3-5 m.). Mira al cielo, a su derecha (¿hacia Roma?), a su izquierda (¿Francia?), a los ojos de los niños, y se confunde con el globo de luz que la envuelve. Este sube hasta desaparecer en el firmamento.

     Al principio solo algunos creían lo que los jóvenes decían haber visto y oído. Los campesinos que habían contratado a los jóvenes estaban sorprendidos que, siendo estos tan ignorantes, fueran capaces de transmitir y relacionar tan complicado mensaje tanto en francés, el cual no entendían bien, como en patuá (dialecto francés) en el cual describían exactamente lo que decían.

     A la mañana siguiente Melania y Maximino fueron llevados a ver al párroco. Era un sacerdote de edad avanzada, muy generoso y respetado. Al interrogar a los jóvenes, escuchó todo el relato, ante el cual quedó muy sorprendido y realmente pensó que ellos decían la verdad. En la Misa del domingo siguiente habló de la visita de la Señora y su petición. Cuando llegó a oídos del obispo que el párroco había hablado sobre la aparición desde el púlpito, éste fue reprendido y reemplazado por otro sacerdote. Esto no es sorprendente ya que la Iglesia es muy prudente en no hacer juicios apresurados sobre apariciones.
Melania y Maximino eran constantemente interrogados tanto por los curiosos como por los devotos. Ellos simplemente contaban la misma historia, repitiéndola una y otra vez. A los que estaban interesados en subir la montaña, les señalaban el lugar exacto donde la Señora se había aparecido. En varias ocasiones fueron amenazados de ser arrestados si no negaban lo que continuaban diciendo. Sin ningún temor y vacilación reportaban a todos los mensajes que la Señora había dado.

     Surgió una fuente cerca del lugar donde la Señora se había aparecido y el agua corría colina abajo. Muchos milagros empezaron a ocurrir. Las terribles calamidades que fueron anunciadas se empezaron a cumplir. La terrible hambruna de patatas de 1846 se difundió, especialmente en Irlanda donde muchos murieron. La escasez de trigo y maíz fue tan severa que más de un millón de personas en Europa murieron de hambre. Una enfermedad afectó las uvas en toda Francia. Probablemente el castigo hubiera sido peor de no haber sido por los que acataron el mensaje de La Salette. Muchos comenzaron a ir a misa. Las tiendas fueron cerradas los domingos y la gente cesó de hacer trabajos innecesarios el día del Señor. Las malas palabras y las blasfemias fueron disminuyendo.

DEL SECRETO QUE NUESTRA SEÑORA CONFIARA A MELANIA 








lunes, 18 de septiembre de 2017

LA INFILTRACIÓN JUDÍA EN LA IGLESIA CATÓLICA (Parte I) por el Rvdo. P. Hernán A. Vergara

En sucesivos artículos trataremos un tema ciertamente molesto, 
pero necesario de explicar: la infiltración judía en la Iglesia Católica.
De antemano agradecemos al Padre Hernán
 su desinteresada colaboración con este modesto blog.


Uno de los graves problemas que sufre la Iglesia Católica son los falsos católicos, que destruyen los cimientos de la Iglesia de Jesucristo. 

     “Hoy no es menester ya ir a buscar los fabricantes de errores entre los enemigos declarados: se ocultan, y ello es objeto de grandísimo dolor y angustia, en el seno y gremio mismo de la Iglesia, siendo enemigos tanto más perjudiciales cuanto lo son menos declarados. Hablamos, venerables hermanos, de un gran número de católicos seglares y, lo que es aún más deplorable, hasta de sacerdotes, los cuales, so pretexto de amor a la Iglesia, faltos en absoluto de conocimientos serios en filosofía y teología, e impregnados, por lo contrario, hasta la médula de los huesos, con venenosos errores bebidos en los escritos de los adversarios del catolicismo, se presentan, con desprecio de toda modestia, como restauradores de la Iglesia, y en apretada falange asaltan con audacia todo cuanto hay de más sagrado en la obra de Jesucristo... ellos traman la ruina de la Iglesia, no desde fuera, sino desde dentro: en nuestros días, el peligro está casi en las entrañas mismas de la Iglesia y en sus mismas venas; y el daño producido por tales enemigos es tanto más inevitable cuanto más a fondo conocen a la Iglesia.” Papa San Pío X, Encíclica: “Pascendi”, 8 de Septiembre de 1907.




     Principalmente en la Edad Media, el judío era odiado por sus costumbres perversas, por la usura exagerada, por los crímenes rituales que realizaban en la clandestinidad; pero sobre todo eran odiados por sus burlas, profanaciones y sacrilegios a las cosas santas. Todo esto en una sociedad cristianísima era un verdadero crimen.

     “Ya era mucho que Felipe Augusto les concediese en 1206 cobrar el 43 por 100; pero sabemos que rara vez se contentaban con eso, sino que exigían el 52, el 86 por 100; y lo más sorprendente y escandaloso es que un estatuto de Francia les permitía el 170, mientras Ottocar de Bohemia les daba omnímoda libertad de prestar al interés que quisiesen… A la terrible odiosidad que engendraban tan exorbitantes usuras en los pobres esquilmados, añadíase de cuando en cuando el rumor de crímenes espantosos perpetrados por aquellos mismos judíos…” Historia de la Iglesia Católica, Llorca, Villoslada, Laboa; BAC, 1959, Tomo II, Parte II, Cap. XIV, pg. 738.

     “Con más fundamento se les acusaba otras veces de mofarse de la religión cristiana, de profanar sacrílegamente las hostias consagradas, de asesinar el Jueves Santo a algún niño cristiano, en sustitución del cordero pascual, o de crucificarlo el Viernes Santo en burla y escarnio de la muerte de Cristo. Envueltos siempre en una niebla de misterio, con fama bien probada de usureros y aun de sacrílegos y criminales…” Historia de la Iglesia Católica, Llorca, Villoslada, Laboa; BAC, 1959, Tomo II, Parte II, Cap. XIV, pg. 739.

     Por estas circunstancias, entre otras no menos importantes y sumamente delicadas, los judíos vivían por ley separados de los cristianos y se debían distinguir en su vestimenta, para evitar que pervirtieran a los bien intencionados; claramente lo señala la Historia de la Iglesia:

     “Desde el siglo XII, los judíos debían habitar separados de los cristianos en un barrio de los suburbios, que se decía en España judería y en otras naciones ghetto. Para que la distinción fuera más clara y consiguientemente se pudiesen evitar con más facilidad el trato mutuo y los noviazgos entre personas de una y otra religión, se les obligaba, máxime desde el Concilio IV de Letrán, a llevar en el traje un distintivo, consistente en un gorro puntiagudo y una franja amarilla o roja cosida al vestido. Prohibíaseles el cohabitar con mujeres cristianas en calidad de mancebas (el matrimonio era nulo) o como criadas o vender esclavos cristianos y el forzar a nadie a la circuncisión. 


     No podían desempeñar cargos oficiales, si bien esta ley fue violada frecuentemente por voluntad de los mismos reyes. Lo mismo se diga de la prohibición que tenían los cristianos de consultar a los médicos o cirujanos judíos, a no ser en caso de necesidad. El culto judaico no podía celebrarse en público, ni era lícito construir nuevas sinagogas donde no las hubiese, pero sí restaurar las existentes. (Los Sumos Pontífices) Gregorio IX y Honorio IV mandaron recoger los libros del Talmud, por el odio que respira y las horrendas calumnias que contiene contra Cristo y el cristianismo.” Historia de la Iglesia Católica, Llorca, Villoslada, Laboa; BAC, 1959, Tomo II, Parte II, Cap. XIV, pg. 737.

   Todo esto hacía imposible el desarrollo del pueblo judío en el mundo cristiano de los siglos XII, XIII y XIV; por su perfidia eran odiados los judíos, sujetos a toda clase de ataques al ser conocidas sus maquinaciones contra Dios, contra la Iglesia Católica y contra los hombres.

     Era imposible el desarrollo del pueblo judío en una sociedad completamente cristiana, la solución era: o abandonar el judaísmo o esconderlo a todas luces.

     Por lo cual se dieron las falsas conversiones a la religión católica, no por cuestiones de fe, sino por ser el medio más a propósito para desarrollarse: esconderse detrás de un nombre católico.




Continuará...

Nota sobre el autor: El Padre Hernán Vergara, sacerdote de Cristo, ordenado en Acapulco (México) el 7 de Octubre de 2004 por S. E. R. Mons. Martín Dávila Gándara, es actualmente Párroco de la Iglesia de Cristo Rey, en Baja California Sur.